En tiempos de pandemia el encierro se transforma en un acontecimiento físico, el alma creadora vuela al viento sin miedo a caer porque es eterna y sin los límites impuestos por la humanidad en pro de la sobrevivencia.

Sangre silenciosa que viaja por generaciones inquieta e invisible, impulsa a antepasados en un viaje a continentes lejanos y hoy me lleva al punto de partida. A través de las venas, penetrando diferentes pieles durante años viajas y te siento, me inspiras y me llamas de vuelta para aprender quizás porque en esta piel y con esta alma es tiempo de hacerlo. Collar que interpreta la edad con texturas y colores de metal, la piel de diferentes generaciones unidas y entrelazadas durante siglos. Cada generación penetrando en otra dejando huella. Cada granate un exponente de la sangre, cada línea de metal seres fertilizando a otros seres para seguir existiendo, el gran viaje de la sangre en cada uno de nosotros.


De niña imaginaba ir a otro planeta en una nave espacial, pero el futuro llegó sin naves, sino realidades virtuales. Si lo hubiéramos sabido, ¿habríamos cuidado del planeta? A una segunda vida llevo este collar de glaciares que recuerda que no hay vida virtual si la carne muere, necesitamos agua fresca y un planeta sano.

Padre Nuestro que estás en el cielo, ¿por qué me dejaste tan solo en la tierra? Gotas de divinidad caen sobre los muros religiosos, ángeles nacen de ellos, el arte poderosa herramienta que con exuberancia, pasión y dramatismo invitan a los fieles a volver .

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